En el séptimo día del viaje por Japón empezamos un periodo de mochileros por el país, haciendo una escapada de 3 días. El primero de los días fuimos pronto por la mañana a la ciudad de Hiroshima para acabar por la tarde en la isla de Miyajima. Ese día el cielo también estaba oscuro y google nos avisaba de que allí donde íbamos, podía llover.
Pero no ponía exactamente la siguiente palabra: Tifón.
Porque del Tifón nos enteramos de casualidad esa misma mañana. En el Shinkansen aparecía un letrero que ponía algo como que nos mantuviésemos informados sobre el “Typhoon #18”. Resulta que en Japón a los tifones se les llama por un número, ¿os suena a algo? ¿quizás Evangelion? 😀
Bueno, por lo menos me había enterado de que había un tifón. Después de mirar las noticias en las webs de climatología (bendito MiFi) vi que habían evacuado a 100.000 personas. Es gracioso cuando le dices a tu mujer –  que hasta ese momento vivía feliz en el mundo de las fotos de muchos colores de Instagram – que hay un tifón en Japón y que están evacuando a la gente. La cara es todo un poema. Yo creo que veía en su cabeza imágenes de un tsunami o algo así.
En realidad el tifón solo nos tocó de refilón porque íbamos en dirección contraria a la que se dirigía. Así que no hubo ningún incidente que contar más allá de que el día anterior habíamos acabado calados hasta los huesos… y que ahora sabíamos el motivo.
Por cierto, los Shinkansen indican los servicios que tienen los vagones cercanos en tu propio asiento mediante iconos:
Letrero en la parte trasera del asiento del Shinkansen
Y algunos también tienen enchufes (no todos, o al menos en alguno no encontrábamos donde coño estaba el enchufe):
Enchufe en los shinkansen
Y llegamos por fin a Hiroshima, estaba lloviendo un poco y aunque la visita estaba orientada a ver la parte de donde cayó la bomba atómica y los alrededores, decidimos que iríamos hasta allí andando desde la estación (aproximadamente 35 minutos si no haces paradas en otros sitios) y pasando por el castillo de Hiroshima. Todo un acierto.
En el camino pudimos ver al fin un supermercado de verdad japonés (hasta ahora todo lo que nos habíamos encontrado eran 7Eleven o Lawsons, básicamente) e hicimos acopio de algunas cosas raras para el camino: Una especie de palos/caramelos que puso a prueba nuestra dentadura.
En general en las ciudades grandes llama la atención la parte de la fruta, que parece comida de lujo ya que en muchos sitios cada pieza lleva su propio recipiente que compras suelto. Nada de cosas al peso, etc…
supermercado hiroshima
En Hiroshima vimos el primero de los carteles que hablaba sobre la prohibición de fumar o tirar colillas, con multas (pequeñas) en caso de hacerlo en los sitios públicos que no están definidos para ello. En Kyoto no nos habíamos fijado si estaban esas señales, pero aquí vimos unas cuantas. Y es que en muchas ciudades que hemos visitado está prohibido fumar en la calle salvo en puntos concretos. Eso si, los fumadores tienen su salida en restaurantes o bares con sitios para fumadores.
fumar prohibido en hiroshima
Durante el viaje nos hemos ido fijando en muchas cosas, y una de ellas ha sido la limpieza urbana. Y es que es difícil, incluso en una megaciudad como Tokyo, encontrarte colillas por la calle tiradas (bueno, colillas y prácticamente cualquier cosa). Y es que aunque de vez en cuando verás algo tirado en alguna parte, teniendo en cuenta la descomunal masa de gente que se mueve a diario, es sorprendente lo limpias que están las calles.
Igualmente, en Hiroshima empezamos a ver otro tipo de cosas que nos llamaron la atención. Por ejemplo el cartel que indicaba las rutas de evacuación en caso de incendios provocados por los terremotos
ruta evacuacion hiroshima
En nuestro camino hasta la zona cero estuvimos visitando el parque del castillo de hiroshima (y sus ruinas) así como un templo muy bien cuidado en las cercanías, del que no recordamos el nombre.
castillo hiroshima
mala suerte en el templo
Y entonces llegamos a la zona en la que el ambiente cambiaba por completo. El parque donde se encontraba la cúpula que se mantenía en pie allí donde el 6 de Agosto de 1945 explotó la bomba atómica lanzada por los Estados Unidos sobre la ciudad de Hiroshima y sus habitantes. La primera bomba atomica que se usó contra la humanidad.
Lo primero que ves al llegar al parque es un cartel que te enseña como quedó la zona aquel día:
cartel hiroshima
Para a continuación ver el bastión que aguantó en pie al impacto de la bomba atómica, el edificio más cercano al punto en el que estalló. Creerme si os digo que esta es la parte más suave de esta visita, ya que hasta aquí – por lo menos en mi caso – solo has rascado la superficie de lo que supuso para la gente de la ciudad.
dome hiroshima
En ese mismo parque, según avanzas en dirección al museo de la paz (visita obligada si vas a Hiroshima) puedes ver las diferentes obras en memoria por aquellos que murieron a causa de la bomba atómica.
Destacan sobretodo dos, el cenotafio en el que están inscritos todos los nombres de aquellos que murieron relacionados con la bomba atómica, y la estatua en memoria a los niños que murieron por ese arma de destrucción masiva, diseñado por un profesor de escuela y de la que cuelga una grulla de metal a modo de campana donde la gente acude a tocarla y rezar por los niños… y también los chinos a tocarla para sacarse una foto, un selfi o grabarse en video, toda una muestra de respeto, si señor.
cenotafio con los nombres
estatua en memoria por los niños
En el museo de la paz que se encuentra en la plaza, podemos encontrar todo tipo de información sobre del suceso en Hiroshima: El punto en el que explotó la bomba, lo que ocurrió a continuación explicado de forma científica, objetos que se encontraron, los incendios que hubo en los días posteriores… etc. El punto que a mi personalmente me dejó tocado fue cuando vi con curiosidad una columna de cristal con una base plateada en la que había pequeñas grullas de papel en el interior, rodeado de jóvenes escolares japoneses de excursión en el museo:
grullas de origami
No sabía que era lo que tenía delante, pero entonces leí lo que marcaba en un lateral:
explicación de sadako
Creyendo en el antiguo dicho de que al doblar 1000 grullas de origami le sería concedido un deseo, Sadako intentó recuperarse de su enfermedad haciendo las grullas, pero su esfuerzo y deseo fue en vano. Tras su muerte, fue construido un monumento por la paz y para consolar las almas de Sadako y de aquellos niños que murieron por culpa de la bomba atómica. Hoy en día, la grulla de origami se ha extendido a nivel mundial como símbolo de la paz con la historia de Sadako
Al hilar todo lo que había pasado, ver aquello, pensar en aquella pobre niña creyendo en su sueño haciendo esas grullas minúsculas de origami y ver a todos esos pequeños niños rodeando la columna… tuve que hacer un gran esfuerzo para no empezar a soltar lagrimasen con todo lo que pasaba por mi cabeza en aquel momento. La visita siguió con algún que otro momento más de poner los pelos de punta. Salimos de allí un poco tocados. No es un museo fácil de ver. Me resultó más duro que otras visitas difíciles que hemos hecho en otras vacaciones, por ejemplo el campo de concentración de Terezin cerca de Praga o el de Auswich en Polonia.
De vuelta a la estación pensativos y comentando lo que habíamos visto, Sandra se dio cuenta de algo que no habíamos caído hasta ese momento: En Hiroshima las calles están inundadas de coches donde masivamente su color está dentro de la escala de grises. Difícilmente veíamos coches de color rojo o azul, y ya no te digo del resto de colores. Esto se repetiría en muchas otras ciudades en Japón. ¿El motivo? Probablemente el mismo que hace que todos vayan a trabajar con traje / pantalones negros y camisa blanca.
Desde Hiroshima cogimos el tren para ir a la isla de Miyajima, acercándonos al puerto para coger al ferry junto con cientos de estudiantes japoneses que iban ese día de excursión. Las vistas de la entrada a aquella isla (son 10 minutos en Ferry) son espectaculares y aunque el día estaba nublado, parecía que entrabas en otra parte del mundo (o en la isla de Jurassic Park).
entrada a miyajima
Y además había ciervos! Eso si, poquitos, nada que ver con Nara. La noche la teníamos cogida en un hotel en la propia isla (Sakuraya), con una habitación típica japonesa, durmiendo en un futón y a un precio bajo para lo que se ve en la isla, así que después de dejar las cosas en la habitación y viendo que de tiempo estábamos justos, decidimos ir a ver la isla y el famoso (y gigantesco) Tori en el agua del Santuario Itsukushima.
tori en el agua miyajima
En ese momento, en la isla encontramos un sitio abierto donde una señora muy amable nos preparó un espectacular okonomiyaki de la zona.
okonomiyaki de miyajima
Tras recorrer los puntos más interesantes de la isla y ver el templo que está junto al tori, nos retiramos momentáneamente para cambiarnos y cenar. En la isla a las 6 de la tarde empezaba a anochecer y las tiendas cerraban.
Lo bueno de quedarse a dormir en la isla es que la noche es tremendamente tranquila e ir a dar una vuelta por el camino del tori con los farolillos encendidos y sentarte relajadamente en cualquier rincon es perfecto. Fue lo que hicimos (cerveza en mano, como no) y aprovechamos para sacar alguna que otra foto al Tori por la noche, cuando está levemente iluminado y es espectacular.
tori por la noche
Y así, en silencio, poco a poco nos retiramos hacia la habitación japonesa mientras nos despedimos de los ciervos que todavía estaban por allí entre nosotros. A la mañana siguiente tocaba madrugar para coger uno de los primeros ferrys. Nuestro siguiente destino sería la ciudad – poco conocida – de Kanazawa.