Hay excepciones en todos los aspectos de la existencia, en cada rincón del universo se producen alteraciones para las que el universo no estaba preparado. A veces son pequeñas e insignificantes, otras en cambio producen grandes explosiones universales. De vez en cuando esos cambios son sutiles y sangrientos, dolorosos y agónicos, la fuente del terror en pequeños mundos, pueden aparecer en cualquier lugar y en cualquier momento.

                                                                                                                             Recuerdos de Runaterra                                                                                                                                                            por Epran

Un zumbido alertó a los animales que huyeron con pavor ante lo desconocido, sólo unos pocos se quedaron a observar, la ausencia externa les volvía incautos.

El zumbido dio vida a un rasguño púrpura, un corte en la realidad que precedió a la oscuridad. De la fisura un grito de dolor apuñaló el bosque y los pocos animales que no huyeron se quedaron paralizados por el terror.

Un cuerpo delgado y debilitado de un color púrpura apagado brotó de la oscuridad. Sus afiladas patas se clavaron en el suelo e hicieron fuerza para arrancar el resto de su cuerpo de la fisura. Tras unos extenuantes minutos el mal descansaba en el suelo de un alejado y tranquilo bosque, de altas copas y silencio amable, el Vacío había dado a luz a un asesino.

Tras ponerse en pie extendió sus alas insectoides, estiró su cuello y afianzó sus garras traseras en el suelo, desplegó las afiladas hojas que conformaban sus manos y saltó.Su presa era un pequeño conejo que había perdido sus reflejos, paralizado de terror. Dio buena cuenta del pequeño animal y sintió como las fuerzas volvían a él con lentitud: necesitaba algo más grande, más fuerte, algo más… letal.

Desde esa noche, la sangre silenció por muchos años el pequeño bosque, lo dejó marcado por el terror y vacío de vida, una pequeña llaga en el gran continente de Valoran.

Las semanas llevaron a la bestia a cazar de forma incontrolada e insatisfactoria, poco a poco se acercaba a las grandes ciudades, cada vez más fuerte y atrevida

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Kha’zix sentía su poder henchido de orgullo, sus presas cada vez eran más grandes y pese a que buscaba retos le satisfacía su superioridad ante todos los enemigos a los que daba caza.

Sus recuerdos del Vacío eran débiles e intermitentes, al atravesar la fisura su mente había sufrido al igual que su cuerpo y se recuperaba más lentamente que sus fuerzas. No le gustaba pensar en exceso, eso le distraía de la caza, del Vacío sólo recordaba el impulso, algo que empujaba en su mente, la sed por corromper y destruir, suficiente para Kha’zix.

Dejó en el suelo el cuerpo de la enorme bestia de alas descomunales que había tenido el atrevimiento de alzar sus garra contra él. Había sido interesante la lucha contra el fuego y los colmillos, pero la verdad es que no había estado a la altura… como el resto.

Se dispuso a entrar en las sombras cuando de repente sintió un golpe en su espalda, algo afilado había atravesado su armadura natural produciendo un dolor increíblemente satisfactorio. Al parecer, también era capaz de sangrar.

Saltó y dio media vuelta en el aire para localizar a su atacante, pero pese a su velocidad tan solo vio como una figura se volvía invisible y desaparecía.

Miró a su alrededor ligeramente conmocionado por la sorpresa y la herida, era su primera vez y no lo esperaba, no allí.

Algo apareció de la nada y le dejó clavado en el suelo, un extraño ingenio de cuerdas y piedras que había sujetado sus piernas. Hizo fuerza y se liberó pero el atacante había ganado el tiempo que quería para saltar sobre él. Le desgarró a la altura del pecho y la sangre brotó con fluidez, el pánico lo invadió y atacó desesperadamente, no miraba qué, ni pensaba cómo, pero dio resultado. Alcanzó un ojo del rival y este dio un paso atrás.

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Kha’zix aprovechó el respiro para entrar en las sombras y recuperarse un poco, desde la oscuridad vio como la blanca bestia hacía lo mismo y el ambiente volvió a estar en silencio.

Ambos estaban heridos y sabían que su enemigo no tenía intención de huir, ambos estaban allí para matar.

La lucha fue como un espejismo persistente, la pelea se desarrollaba en golpes concretos, saltos desde las sombras, atacar y retroceder. Era necesario ser táctico, sus habilidades se contrarrestaban y no podían cometer errores o sería fatal.

Las horas pasaron y las fuerzas eran casi un recuerdo, el aliento quemaba las gargantas, la mirada se volvía borrosa y el suelo era una amalgama de barro y sangre, parecía que hubieran muerto diez hombres en aquel claro.

Rengar saltó una ultima vez, vio un borrón cerca de un enorme arbusto y lanzó el resto. Sus garras dieron en el blanco y desgarraron la dura coraza de la bestia púrpura.

Kha’zix apenas pudo esquivar el golpe, se hendió en su cuerpo mucho menos de lo necesario y mucho más de lo deseado. Empujó a la bestia y cruzó sus cuchillas naturales sobre el pecho intentando desgarrar todo lo que allí hubiera. Notó como cortaba carne y tendón, la sangre tibia y sus últimas fuerzas quedaron allí.

Vio como la Bestia marchaba a trompicones entre los árboles, a un fino hilo de morir y se sintió victorioso antes de que sus ojos se silenciaran y su cuerpo cayera inconsciente en el suelo.

Tras semanas de recuperación y caza controlada, las fuerzas volvieron y su ansias de venganza cobraron un fuerza inimaginable. No se sentía vencedor, sólo afortunado y quería acabar con el primer enemigo real que había tenido en toda su existencia, pero lo que más deseaba era la pelea, podría decirse que había descubierto la felicidad desde las garras del león blanco conocido como Rengar.

Había indagado en los caminos y sabía cómo encontrarle, en un lugar llamado la grieta, podría acabar con muchos otros y encontrar a su rival por el camino, estaba decidido a entrar en la liga de leyendas y allí exterminar la vida.

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