World of Warcraft, sin contar las suscripciones, pasó de facturar 213 millones de dólares en 2013 a través de microtransacciones, a meter en la caja más de 728 millones en 2014. Repito, sin contar las suscripciones.
El juego gratuito (atención a la broma) League of Legends facturó en 2014 por microtransacciones, más de 1.000 millones de dólares, en 2013 el numero fue de 624 millones. Repito, 1.000 millones de dólares un juego gratuito.
Pero… ¿como pueden generar tantísimo dinero fuera del precio del juego o de las cuotas mensuales?
Dos factores:
– Por un lado: Cuando el beneficio de pagar por conseguir algo con dinero supera el esfuerzo de conseguir ese algo a través de largas horas de juego.
– Por el otro: El postureo.
Y hoy voy a reflexionar reflexionar sobre esta última, el modelo del postureo en los videojuegos.
Porque si todo el mundo dice que pagar por un vestido en un juego es una chorrada… ¿de donde salen todos esos miles de millones de euros? Fácil, de la hipocresía.

La molabilidad como eje central del postureo virtual.

Ficción EMEEMEOiana:
Irigram, elfo oscuro asesino de nivel 99, se escondía detrás de un gran tronco de un castaño situado a un lado del camino que llevaba a la villa principal de la región. Tal y como había pensado, aquel carromato que vislumbró desde el alto del torreón semi-derruido había decidido tomar esa ruta y estaba a punto de pasar a escasos metros de el, escoltado por 3 individuos, rudos, fieros… pero normales, muy normales al fin y al cabo.
4 minutos después, los cuerpos de aquellos tres pobres jugadores yacían en el suelo, mutilados, totalmente desangrados. La verdad es que no presentaron batalla a pesar de ser también niveles 99. Pero llevaban ropas normales, apenas llevarían unos meses jugando y todavía no habían llegado al punto en el que querían diferenciarse del resto, eso le dejó claro que no serían jugadores muy experimentados y que tenía todas las posibilidades del mundo para lograr su objetivo. Y además, todo sea dicho de paso, se quedaron de piedra cuando vieron la montura única que había conseguido hacía tiempo en una puja a nivel mundial donde el dinero fue donado a la lucha contra el cancer.
Vale, de acuerdo, Irigram el elfo oscuro asesino no existe, me lo acabo de inventar para ilustrar el tipo de pensamientos que pueden movernos como jugadores a pasar por caja para personalizarnos a nosotros mismos en un mundo virtual.

Yo soy yo, tanto en el mundo real como en el virtual

Yo hago cosas por y para mi, para estar a gusto conmigo mismo y llegar a mi estado personal de bienestar.
Puede que para ti en un primer momento, ese personaje que acabas de crear, de cuello ancho o de cadera estrecha, no sean más que una ristra de unos y ceros en un servidor alojado en un lugar remoto del planeta.
Pero según avanza el tiempo y dedicas horas a jugar con ese personaje, creciendo y adquiriendo experiencia, será cada vez menos unos y ceros y más un representante tuyo en un mundo virtual. Cuando ganas con el, las victorias son tuyas, y cuando pierdes con el, las muertes son tus muertes.
Y entonces se produce un dialogo interno contigo mismo tipo Gollum en el señor de los anillos:
– Ostia! Que guapa esa Skin de asesino de reyes!
– Siiii… pero cuesta 9 euros…
– Y lo que molaría mi personaje con ella…
– ¿No hace ya mucho que no me compro nada?
– Pues ahora que lo dices, la verdad es que sí.
¿Cómo no ibas a darte ese capricho si – en el fondoes para ti?

Ser diferente es status

Aparecer con una capa roja bermellón, con una espada basada en Excalibur o con una montura voladora exclusiva de la edición coleccionista, de alguna manera, otorga status. No en la vida real, pero sí en el juego. Y para cierto porcentaje de la población, ostentar allí donde vaya – sea real o virtual – es casi tan importante como respirar.

Ser diferente es diversión

Molar por mola, mola.
¡Es así! Hacemos muchas cosas por pura diversión, disfrazarnos entre ellas, y aquí es lo que estamos haciendo, disfrazar al personaje con el que vamos a jugar, con algo que es diferente a los demás, y que nos gusta y nos divierte llevar.
Y divertirse, por lo general, tiene un precio: Ir al cine a divertirte tiene un precio, ir al Aquapark a divertirte tiene un precio… ¿y si a ti lo que te divierte es poder ir cambiando de color de pelo a tu antojo? Pues eso, tiene un precio por el que muchos están dispuestos a pasar, siempre que encaje con lo que entienden que es un precio justo por esa personalización.
varus cupid

El reclamo del efecto fan

Estamos en un escenario diferente al vivido hasta ahora, con los eSports creciendo en dobles dígitos año tras año, creando “leyendas” en campos de batalla virtuales que apenas pasan la veintena y que sin embargo tienen más seguidores a nivel mundial que, por ejemplo, futbolistas de primer nivel.
Y si esa persona juega una partida que siguen millones de personas en todo el mundo con una Skin diferente a la habitual? Con un, por ejemplo, cupido lanzador de flechas que cuesta 4€ conseguir? ¿Qué efecto crees que tendrá entre los seguidores incondicionales de esa persona/equipo?
Pues eso, si hubo un boom de bebes llamados “Andres” cuando Iniesta nos hizo ganar el mundial, ¿que no esperas que ocurra con alguien que logra una pentakill en una partida seguida por cientos de miles de personas?
Quizás te parezca absurdo. Tranquilo/a eso simplemente significa que no entiendes a los Millenials (y no tan millenials)… ni has estado atento a estas señales en el mundo que poco a poco nos rodea por todas partes. Los eSports ya no tienen el estigma de incógnita sobre su potencial, es una tendencia a nivel mundial. ¿No me crees? Intenta comprar una entrada para ver un partido de League of Legends en las clasificatorias de la Summer Split en Alemania, igual te llevas la sorpresa de que están agotadas como no las compres con antelación. Y hablamos de una clasificatoria,  en Europa, ni siquiera de los playoffs.

La pregunta, en definitiva, no es si pagarás por un traje o una mascota en un juego, si no… ¿Cuando lo harás?.

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