Comentaba en el primero de los días de este viaje que de templos hablaríamos a partir de esta entrada… y es que en Kyoto si acabas hasta el cimbrel de algo, desde luego ese algo será de templos. Pero claro, mandan los cánones, y hay que verlos.

Y es que al final, si por cada muerto que alguien decía que su espíritu estaba molesto, el monje de turno le hacía un templo… pues eso, ocurren cosas como que vas por una zona comercial, giras la esquina, y entre un Zara y un Bershka, te encuentras el Templo de Zalando (nótese que los nombres de las tiendas y templos han sido inventados).

En el inicio de la exploración de Kyoto, empezamos con el templo de Kiyomizudera, que de inicio te deja la boca abierta. Tanto por lo espectacular, como por la cantidad de gente que hay. Más tarde asumes que lo de la gente es en todas partes, y ya solo te fijas en la espectacularidad de los edificios que tienes delante.

Como tanto Sandra como yo, cuando vamos de viaje, somos más de andar y callejear que de andar tirando de transporte publico (sobretodo en el inicio, que es cuando estamos más frescos), fuimos andando desde el hotel – bastante bien situado en la zona comercial del centro – hasta dicho templo. Así que nos encontramos ciertas cosas que ya te confirmaban que estabas en un país muy diferente a cualquiera de los que habías estado. Para muestra un botón:

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Y entonces seguimos andando, 100 metros más adelante llegas a un pequeño cruce entre casas unifamiliares japonesas, giras la cabeza a la izquierda y prácticamente te das de bruces con esto:

Pagoda en Kyoto

Y entonces miras abajo, y descubres que te acabas de meter en medio de lo que parece ser una boda japonesa: ¡Ups!

boda japonesa

Antes de llegar a Kiyomizudera, haríamos una parada en un templo de Sanjujagendo, con sus 1000 estatuas doradas exactamente iguales tras la estatua de Kannon. No hay fotos del interior al estar prohibido sacar fotos, así que os quedareis con las ganas y tendréis que creer que era un pasillo bastante impresionante.

Esta fue la primera vez que tuvimos que descalzarnos y pasar por el ritual no-asiatico de descalzarte de forma incorrecta y pisar donde no debes antes de subir a la madera. Efectivamente, nada más descalzarte, tu pie debe pasar de la zapatilla/zapato/chancleta a la zona limpia. Si tu pie descalzo toca – por siquiera una fracción de segundo – la alfombra donde te estas descalzando… ya sabes, harakiri.

Ya por fin en el templo, rodeados por decenas de cientos de personas (y no exagero) hicimos la ruta sacando las típicas fotos del mismo, pasando por un montón de santuarios y donde el balcón principal ofrece unas vistas espectaculares.

kiyomizudera dia 2

kiyomizudera balcon

Saliéndonos un poco del caminito nos encontramos algo curioso, si os fijáis en la siguiente foto veréis que algo no encaja del todo:

santuario de aquarius

Si, es una botella de Aquarius en un altar. Y no, no es que alguien estuviera siendo un guarro y dejando la botella en cualquier sitio, o mofandose de nadie. En los altares budistas al parecer es normal hacer ofrendas de cosas que le gustaba a la persona en cuestión.

Y es que en Japón por lo general son sintoístas en vida, y cuando mueren, deciden ser budistas, porque esta “otorga” la resurrección. Van de listos, vaya xD

Así llegamos al final de nuestra ruta por Kiyomizudera, y nos pusimos a hacer una cola para el ritual de purificación sintoista. Pero este tenía cierto encanto:

ritual kiyomizudera

El agua se cogía de una caída del agua bastante pronunciada que hacía que los cazos se vaciaran de la fuerza del agua, a no ser que dejases que el agua golpease el borde o lo inclinases un poco. Mucha gente ponía el cazo bajo el chorro de agua y cuando lo iba a coger, no había apenas liquido 😛

El ritual, por cierto, es algo sencillo: Coges agua con el cazo y limpias tu mano izquierda, después limpias tu mano derecha. A continuación echas agua a tu mano izquierda para escupirla (no sé si se puede beber también) y por último agarras el palo del cazo con las dos manos y lo levantas para que el agua recorra el palo (y lo purifique, en el camino). Ale, purificado/a.

En el camino de vuelta a buscar un sitio donde llenar el buche nos encontramos con un templo con un Buddha gigantesco que tenía dentro un museo de pequeños Buddhas: El metabuddha.

megabuddah

Y nos encontramos a pez más feo jamás visto por el ojo humano, en ese mismo estanque.

pez feo en estanque

Después de la paliza de pateada buscamos un sitio en el que comer y utilizando el Trip Advisor (bendito) encontramos un sitio de Sushi muy particular que estaba brutal. Digo lo de “particular” porque te pedían que no lo comieras con soja. En lugar de eso, el arroz estaba hecho de una manera diferente a como te lo sueles encontrar por ahí, y el resultado era tremendo.

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Tras saciar el estomago, iniciamos el camino hacia el hotel a dejar las cosas y prepararnos para ir a los barrios de geishas para dar unos paseillos mas tranquilos. Por cierto, si pides cerveza en cualquier restaurante, prepárate para una señora clavada, mi recomendación es que pidas una cerveza en botella. Ya que pagas, por lo menos que te pongan medio litro.

tortuga geisha

Después de unas buenas vueltas por los barrios de las Geishas y otear el barrio de Ponto-cho, decidimos que cenaríamos en la orilla del río, típico paseo donde Oliver Atom corría con el balón camino de casa. Solo que este estaba lleno de gente. Compramos unas bolas de pulpo (Takoyaki) con todo tipo de topping ¿Por qué? Porque a un japones de un puestito a pie de calle, cuando te dice “All topping. Yes?” no le vas a preguntar en que consiste ese “All topping”.

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Básicamente consistía en una mezcla de mayonesa, salsa de Okonomiyaki (ya lo explicaré en otro momento) y atún seco.

Y así, la noche se nos vino encima y este segundo día llegó a su fin 🙂 Seguiremos informando.

barrio kyoto