Todo el mundo habla de Nara, de sus templos y lo gracioso que es ver a cientos o miles de ciervos sueltos por la ciudad. Una ciudad que, por cierto, tiene más de 360.000 habitantes. Pero nadie habla de la cantidad de mierda que estos pequeños (y no tan pequeños) demonios sueltan allí por donde andan sueltos.

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En el sexto día nos fuimos a Nara. Utilizando la linea Nara de JR que se coge directamente en la estación central de Kyoto, te montas en la primera parada y te bajas en la última. No tiene perdida. Y es una putada si no consigues sentarte (son 44 minutos de viaje), por lo que recomiendo llegar con tiempo de sobra y no apurar.

En nuestro caso llegamos a Nara, y como teníamos claro las cosas que queríamos ver, nos acercamos a la Tourist Info que está dentro de la estación simplemente a por un mapa y que nos situaran en el mismo los elementos principales de la ciudad, por si alguno se nos había escapado.

Además, en mi sabiduría infinita, pregunté al de la Tourist Info donde se podía ver bien a los ciervos. Me miró con cara torcida, me señalo todo el mapa y me dijo: “Lot of them“. Cogí el mapa, me di la vuelta, miré a Sandra y dije “Lot of them“. Levante los hombros en plan “pues vale” y salimos de la estación.

¡Ciervos! ¡Ciervos everywhere! Pues el de la estación tenía razón. Pequeños, grandes, con cuernos, sin ellos, jóvenes, viejunos… nada más salir de la estación ya notabas el ambiente a ciervo. Sobre todo en las fosas nasales.

bambi en nara

Y yo que estaba preocupado por poder sacar fotos a ciervos sin chinos intentando montarse encima… y más bien iba a ser al contrario.

Nada más empezar la aventura decidí comprar unas especies de galletas para ciervos que venden en cualquier esquina de Nara para alimentar a los dulces ciervos con aspecto de Bambi. Los quince ciervos con cuernos que aparecieron según deposité los 150 yenes en las manos de aquel amable dependiente callejero fue el ejemplo de que no todo es tan bonito como nos imaginamos que puede ser: El hombre contra el ciervo – Una galleta o tu vida, elige.

Las fotos fueron graciosas, y ahí aprendí los movimientos ninja a nivel legendarios que estos pequeños demonios con aspecto ‘kawaii’ tienen aprendidos para que les des de comer. El más utilizado es el “mordisco en el gluteo“. La técnica consiste en que si tienes comida y no le estás haciendo ni puto caso, el muy cabrón te pega un mordisco en el culo por detrás para que seas consciente de que está ahí, y que o le das la galleta que tienes en la mano o te va a caer otro mordisco.

mas bambis con hambre

Y así, proseguimos nuestro camino al primero de los templos que veríamos en el día de hoy y uno de los más conocidos de todo Japón: El templo Todai-ji, o por el que lo conoce todo el mundo “Ese del buda gigante“.

templo en nara

estatua en el templo de buda

megabuda

Aquí también es donde se encuentra el tronco con el agujero que puedes tratar de cruzar por ti mismo, y si lo consigues obtendrás la iluminación. O algo así reza la leyenda. El agujero tiene las mismas dimensiones que el orificio de la nariz de buda. Sé el moco de la iluminación.

Tras la visita a este templo seguimos con la ruta a través de Nara que nos llevaba por distintos templos y puntos de interés, todo rodeado por zonas verdes, rinconcitos que recordaban al antiguo Japón, bosquecitos, parques y, como no, ciervos.

farolillos

Decidimos seguir haciendo toda la ruta para hacer toda la parte de los templos que nos quedaba antes de la hora de comer, lo que hizo que se nos hiciera muy tarde para comer y nos metiéramos en la primera tasca que encontramos.

¡Okonomiyaki otra vez!

Y sentados descalzos en una especie de mesa/tatami estilo tradicional japonesa, pero con hueco por debajo. Una mezcla muy rara y difícilmente descriptible.

Con el estomago lleno hicimos el ultimo recorrido, visitando la parte antigua de la ciudad y viendo los últimos ciervos del día. Como ya acabábamos me acerque al alegre cervatillo que merodeaba a nuestro alrededor para una ultima foto. El muy cabrón se comió el mapa que tenía en la mano.

Bueno, no todo el mapa, pero si que arrancó un trozo del mismo… y lo engulló. Hasta tenemos foto del momento:

ciervo mapa

Con esa ultima risotada que nos sacó el pequeño Bambi diabólico nos pusimos en ruta hacia la estación de tren para volver a Kyoto. En el camino nos encontramos con dos chinas jovenzuelas que habían comprado galletas como para dar de comer a tres veces la población mundial de ciervos.

¿Qué creéis que ocurrió a continuación? Mínimo 20 ciervos peleando por llevarse una galleta a la boca alrededor de la china. Mordisco en el culo. Grito. Se gira. Otro mordisco en el culo. Grito. A correr.

Si, a correr. Yo muerto de la risa. Lastima de tener ya guardada la cámara en la mochila porque había empezado a llover un poco.

Y así dejamos Nara atrás y llegamos algo cansados a Kyoto. Una vuelta por la zona del hotel y a cenar a un sitio que nos habían recomendado: Chojiro.

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Este restaurante japonés se encuentra en el barrio de Ponto-cho (o Pontocho, como quieras llamarlo) haciendo esquina con una de las calles principales de la zona. Se trata de un restaurante que tiene el típico rally de comida… pero acojonantemente buena.  En el sitio también encontrarás un iPad con el que poder ir pidiendo los platos del menú que te apetezcan, y a un precio muy decente.

El restaurante suele estar lleno de extranjeros y normalmente hay colas, pero hay truco. Nuestra recomendación es que vayáis un rato antes y reserves mesa/sitio, o llaméis por teléfono al sitio. Nosotros repetimos otro de los días y lo hicimos así, llegando y pasando por delante de 12 personas que estaban esperando.

La mesa reservada, por cierto, la guardan durante 10 minutos, si llegas más tarde… haber sido puntual.

NOTA AL MARGEN DE LA JORNADA: El morbo del suicida

En nuestra excursión ocurrió algo raro en el tren. A medio camino el tren pitó fuertemente y paro de forma… “brusca” (lo entrecomillo porque ni fue un escandalo), como si hubiera algo en el camino. Estábamos en el primer vagón junto con un buen montón de chinos y otro tanto buen montón de europeos.

La gente se iba levantando a cuchichear por la parte de los operarios a ver si veían algo, mirando por la parte delantera. Con cara de ansia por ver si alguien de había tirado a las vías en medio de la nada, vi sonrisas incluso. Gente que volvía a sus asientos gesticulando a sus compañeros de visita al país nipón que “nah, nada”. Me pareció algo TAN triste y de recurrir al látigo en la plaza del pueblo para aquellos que se levantaron a ver el Salvame Delux del macabrismo, deseando que hubiera sido una persona la que – sin importar cuales hubieran sido los motivos – estuviera ahí tirada. Porque una cosa es que ocurra… Y otra muy diferente es que quieras que ocurra. Justo cuando tu estás por allí. Solo para poder contarlo a la vuelta de tu viaje. Malditos hijos de puta.

Esto lo he puesto aparte porque quería que la jornada fuera más bien comica, tal y como fue con los ciervos y sus mierdas 🙂